La boda de Ylenia & Juan I

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Ylenia y Juan se conocieron en otoño de 2010 en Madrid. Después de cuatro años de relación y volviendo un día de pasear por el Barrio de las Letras de Madrid, Juan le propuso matrimonio a Ylenia a tan solo tres meses de irse a vivir a Estados Unidos.

Empezaron a organizar la boda desde Nueva York, pero no fue un obstáculo. El feeling, la seriedad y la implicación fueron claves a la hora de elegirlos a kilómetros de distancia.

Celebraron su boda en Cantabria, en el Palacio de Hornillos, el 2 de julio de 2016.

“Tanto la torre donde nos quedamos a dormir y donde me preparé, la ceremonia, las fotos, el aperitivo, la comida y la fiesta posterior se hizo en la misma finca, la más grande en extensión de Cantabria, propiedad del primer Duque de Santo Mauro y donde cada construcción, bosque y jardín es de incalculable belleza. Recuerdo que no pude tener nada más claro que si quería casarme en Cantabria tenia que ser allí. Y lo de Cantabria era innegociable porque aunque desde que tenía dieciocho años he vivido entre Madrid y EE.UU., me he he criado entre los Picos de Europa y la costa Santanderina”.- Yle.

 

El vestido de la novia

A pesar de gustarle muchos diseñadores españoles, Ylenia empezó a buscar su vestido con la ayuda de sus amigas des desde allí porque lo que tenía claro es lo que no quería.  Después de recorrer la Quinta Avenida de arriba a abajo, eligió un vestido de Badgley Mischka Haute Couture.

“Al probármelo sentí que hablaba de mi. Era sobrio, sin volumen y tapado. Así fue como lo elegí y nos fuimos a celebrarlo con un Lobster Roll al Hotel Plaza” – Yle.

El vestido era sencillo, recto, de blanco impoluto, con espalda descubierta y una pequeña cola que se hacía más pequeña para el baile. Una preciosas hombreras elaboradas con cristales cosidos a mano uno a uno, daban el toque especial al vestido que a Ylenia le había encantado.

 

“Mi madre, mi madrina y yo nos preparamos en la restaurada torre de vigía que hay en la entrada del palacio con tres plantas y fue donde Juan y yo pasamos la primera noche de casados también. Recuerdo que levantarnos ahí fue precioso por sus vistas”. Yle

Aunque no le quería quitar protagonismo al vestido, una tiara de flores de cera con casi 100 años de antigüedad, que adquirió en un anticuario californiano, se convirtió en el accesorio estrella. Allí mismo se compró también un kimono de seda bordado a mano para ponerse durante los preparativos. Le maquillaron dos maquilladoras de Dior y Bobbi Brown.

 

Su ramo era de hojas de Olivo como guiño a la tradición familiar de su suegro que es Cordobés y sus sandalias azules, para apartar ese “algo azul” que todas las novias necesitan.

“Me acompañó mi amiga Isabel y nos fuimos a los almacenes Bergdorf Goodman (para mi los mejores almacenes del mundo) y compré unas sandalias de Aquazzura.” -Yle.

 

La ceremonia en la Iglesia de San Jorge

Ylenia llegó con su padre en un Escarabajo SunRoof de 1958, descapotado a pesar del día gris típico del norte.

“En la ceremonia quería ir velada. Elegí un velo con una caída importante hecho en Palmira, una casa de novias con solera de Santander en la que mi familia lleva años confiando. – Yle.

La capilla, construida replicando la Madeleine de París les había encantado a pesar de su pequeño tamaño.

 

Las alianzas y el anillo de pedida eran de la joyería Yanes, de total confianza de su suegros quienes le regalaron los pendientes de diamantes que también se puso el día de la boda.

“Corelli, un quinteto de violines, piano y soprano hicieron que fuese un momento mágico” – Yle.

A la salida de la ceremonia les esperaban dos piteros para tocarles unas jotas montañesas.

Fotos © Pelayo Lacazette

 

Continuará…

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